En las últimas décadas, Colombia ha experimentado una marcada reducción en su tasa de fecundidad, tendencia que se profundizó tras la pandemia de COVID 19. Para 2024, la tasa global de fecundidad alcanzó 1,1 hijos por mujer, por debajo del nivel de reemplazo. Este cambio demográfico se ha traducido en una disminución sostenida de la matrícula en todos los niveles educativos, pese al aumento de estudiantes de origen venezolano. Las proyecciones indican que la caída en la matrícula continuará y se acelerará en los próximos años, con diferencias importantes entre territorios, lo que genera retos para la asignación de recursos públicos destinados a la educación. Este documento evalúa el impacto fiscal de esta transformación demográfica sobre la financiación de la educación pública en Colombia y examina cómo los ahorros derivados de la menor matrícula podrían fortalecer la cobertura, especialmente en primera infancia y educación media, y mejorar la calidad mediante inversiones en planta docente y reducción de la relación alumno docente.
Este artículo evalúa el impacto fiscal del cambio demográfico sobre el sistema educativo en Colombia mediante proyecciones de matrícula por nivel educativo, sector (oficial y no oficial) y área (urbana y rural) hasta 2050, construidas bajo distintos escenarios de crecimiento poblacional. Asimismo, analiza los efectos de estas tendencias sobre la financiación de la educación pública, a partir de tres trayectorias alternativas de crecimiento del Sistema General de Participaciones y de sus implicaciones en el gasto educativo, tanto por alumno como en términos agregados respecto al PIB. También, examina cómo los ahorros derivados de la disminución proyectada de la matrícula podrían destinarse a fortalecer la cobertura, en particular en primera infancia y educación media, y a mejorar la calidad del servicio, mediante inversiones en la planta docente y la reducción de la relación alumno docente, entre otros factores.
El cambio demográfico no solo constituye un reto, sino también una oportunidad para repensar la estructura de financiamiento y focalizar la inversión en aspectos clave como mejorar la cobertura en educación temprana, equidad, formación de docentes, mejorar la relación alumno-docente y continuar con la implementación de la jornada única.
El cambio demográfico reducirá de manera significativa la población en edad escolar durante las próximas décadas, hasta alcanzar cerca de 6,3 millones de estudiantes en 2050, lo que implica una disminución de 3,1 millones frente a 2024. Incluso bajo un escenario de cobertura del 100 %, el total proyectado sería de 7,4 millones de alumnos. Esta dinámica abre una oportunidad para ampliar la cobertura en preescolar y educación media y para impulsar mejoras en la calidad educativa mediante la formación docente, la innovación pedagógica y la reducción del tamaño de los grupos escolares. Sin embargo, materializar estos beneficios requiere transformaciones institucionales que permitan ajustar gradualmente la planta docente, mejorar la equidad territorial en la asignación de recursos y evitar presiones adicionales sobre las finanzas del Gobierno Nacional Central. Los resultados evidencian retos fiscales y de gestión, pero también oportunidades para reorientar el gasto educativo hacia una provisión más equitativa y con mayor impacto en el aprendizaje.