En su obra Civilización material y capitalismo, el historiador Fernand Braudel dice que el hecho protuberante que diferencia al mundo del presente del que vivió la humanidad antes de 1800 es el aumento, sin precedentes, en el número de personas. Antes de esa fecha, se vivía en un mundo donde la inexorable lógica malthusiana mantenía el número de habitantes dentro de unos límites más o menos estrechos de poblaciones máximas que eran sostenibles en el largo plazo. Los movimientos poblacionales eran cíclicos, pues cuando el número de personas aumentaba mucho, los rendimientos decrecientes llevaban a la escasez de alimentos, la proliferación de las pestes y las hambrunas, con la consecuente reducción de la población total. Cuando llegó la revolución industrial, primero en Inglaterra y luego en Europa continental, esta situación cambió radicalmente, pues las innovaciones tecnológicas llevaron a que se pudiera superar el mundo sin crecimiento económico de largo plazo al que se refería Malthus en sus proyecciones pesimistas. Como consecuencia de la mayor productividad que permitió la revolución industrial, la nutrición mejoró y por esa razón se presentó una caída de la mortalidad reflejada en un aumento en sostenido en el crecimiento de la población. Más adelante, los aumentos en el costo de oportunidad del tiempo de las mujeres, y consecuente caída en el número de hijos, llevaron a que se redujera la natalidad y, por ende, bajara el ritmo de crecimiento de la población. La sucesión de las caídas en la mortalidad y la natalidad es lo que se conoce como la transición demográfica. En este libro estudiamos de manera detallada tres censos de población de Cartagena, realizados en un período que cubre tres siglos. Estos censos se realizaron en 1777, 1875 y el 2005. Las cifras de la población de Cartagena en esos tres censos constatan lo aseverado por Braudel acerca del enorme salto de la población después de 1800. En el caso cartagenero, la población en 1777, cuando era el segundo centro urbano del Virreinato de la Nueva Granada, era de 13,690 personas. Ya para el 2005 la ciudad tenía 892,545 habitantes, es decir, que en esos 228 años se multiplicó por 65 el número de personas. Además del análisis de la población cartagenera en los tres censos mencionados, hemos hecho un esfuerzo por recopilar las cifras agregadas de la población de la ciudad desde que empezaron a aparecer en la documentación, es decir, desde la segunda mitad del siglo xvi. De esa manera podemos conocer la historia demográfica de Cartagena casi desde sus orígenes. Adicionalmente, la evolución de la población se discute dentro del contexto histórico, razón por la cual el lector podrá contrastar lo que sucedía en la economía y la sociedad, con las etapas de la historia demográfica local. Para el período colonial sólo se cuenta con un censo detallado de Cartagena, el de 1777. La población vivía en cuatro barrios y el arrabal de Getsemaní. Se tiene información para tres barrios y el arrabal, los cuales albergaban el 76,5% de la población. Para el cuarto barrio, Santa Catalina, no se han encontrado hasta la fecha las planillas respectivas, ni en el Archivo General de la Nación, ni en los archivos españoles. Sin embargo, con la información de más de tres cuartas partes de los habitantes es posible conocer bastante bien cómo era la ciudad en ese momento. El censo de 1777 nos revela una Cartagena contenida completamente dentro de las murallas que rodeaban el lugar donde se estableció inicialmente, así como la vecina isla de Getsemaní, la cual también estaba amurallada (excepto en el flanco que daba sobre el resto de la ciudad). Del censo de la provincia sabemos que prácticamente no había ningún poblamiento a tiro de cañón de la ciudad, pues por razones militares estaba prohibido asentarse en la inmediata vecindad de las murallas. Con esta medida se buscaba evitar que los posibles sitiadores encontraran algún tipo de infraestructura de la que pudieran valerse para un ataque contra el recinto amurallado. La Cartagena de 1777 era una ciudad en plena expansión demográfica y económica. La pirámide de edades revela que su base era ancha, pues había muchos nacimientos. También se presentaba desbalance de sexos para los mayores a 15 años, cuando había casi dos mujeres por cada hombre. Sólo entre los blancos había una razón de sexos relativamente equilibrada. También se observa en ese censo un rasgo que fue un signo distintivo de Cartagena en el período colonial: la presencia de una gran cantidad de esclavos negros, así como libres de todos los colores, que en su mayoría fueron clasificados como mulatos. En contraste con lo observado en 1777, la Cartagena que emerge del análisis demográfico del censo de 1875 es el de una ciudad en una profunda crisis social y económica. Aunque para 1875 sólo fue posible obtener las planillas del censo en el caso de los barrios de la Catedral y parcialmente para Santo Toribio, ello representaba alrededor del 50% de la población. Si habíamos señalado que en 1777 se observaba un gran desbalance de sexos en la población mayor de 15 años, esa situación se acentuó en 1875, pues esta relación pasó a 2,17 mujeres por cada hombre. En este último caso el desbalance se acentuaba debido a la decadencia económica, pues de acuerdo con lo que se observa en la pirámide de edades, probablemente había emigración de hombres jóvenes, que se iban a otros lugares a buscar mejores oportunidades económicas. En el censo del 2005 la información es mucho más detallada en cuanto a las variables económicas y sociales. Otra ventaja es que contamos con los datos desagregados por barrios e incluso secciones. Por último, es el único de los tres censos en el cual se reportó toda la población, dentro del margen de error que es normal en este tipo de actividades. Ello permitió tratar la mayoría de los temas cubiertos en los censos de 1777 y 1875, como la razón de sexos, la estructura de edades y la composición étnica. Además, el censo del 2005 también reportó de forma detallada los niveles educativos de cada persona y sus condiciones materiales de vida. Por ello, es posible relacionar estas variables entre sí, con el grupo étnico y el sitio de residencia. De ese análisis se desprende que hay una asociación indiscutible entre el nivel educativo y el nivel de vida: entre más años de escolaridad tiene una persona mejor es su situación económica. Además, hay un claro patrón étnico y espacial de la pobreza, en el sentido de que la mayoría de las personas pobres de la ciudad son afrodescendientes y se encuentran localizadas en el corredor que se extiende de las faldas de la Popa y sigue por el borde sur de la Ciénaga de la Virgen. En contraste, la población con mejores niveles de capital humano y condiciones de vida, vive cerca a la playa y la bahía interior. Sólo es posible entender este patrón de poblamiento urbano si se conoce bien la historia de la ciudad, pues es el resultado de su larga historia. Consideramos que los trabajos que se incluyen en este libro sobre la historia demográfica de la ciudad a través de los siglos ayudan mucho a entender cómo se ha llegado a la Cartagena de comienzos del siglo xxi, con todas sus luces y sus sombras. Los lectores encontrarán en estas páginas una historia demográfica que refleja, a la vez, la compleja y cautivadora historia de la ciudad, así como los orígenes de las profundas desigualdades sociales y económicas actuales.

Envíos recientes